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Historia

 

DISCURSO PRONUNCIADO EL DÍA 29 DE NOVIEMBRE DE 2006 EN EL ACTO INAUGURAL DE LAS JORNADAS DE CELEBRACION DEL PRIMER CENTENARIO DE LA COMUNIDAD DE REGANTES DEL GUADALCACIN, EN LA INSTITUCION FERIAL DE CÁDIZ (IFECA) 

 

Se han cumplido los cien años de constitución de esta Comunidad de Regantes. Cuando se me pidió que hiciera una breve introducción en el Acto inaugural de la celebración del primer centenario, pensé que la manera más propia de hacerlo sería explicar cómo se desarrolló ese día preciso de 1906 en que el Ministro de Fomento de España inauguró la construcción de la presa.

 

Pensé, sin embargo, que el relato resultaría insuficiente si no mencionaba el antecedente de ese acto solemne de la inauguración de la obra, consistente en la reunión celebrada por el Ayuntamiento con los propietarios de las fincas beneficiadas por el pantano, que en ese momento era todavía un mero proyecto. 

 

 Aunque, si voy a  hablar de antecedentes, debo empezar diciendo que antes de esa cita en el Consistorio se había ido haciendo “propaganda” (no en el sentido mercantil del término, sino en su sentido etimológico, que es puramente eclesiástico y significa “reunión de cardenales”), pues redundó en continuos encuentros mantenidos por las personas que después mencionaré, con el fin de ir creando entre los agricultores de la zona la convicción de que un pantano resultaba esencial para el progreso económico y tecnológico de nuestro campo.

 

Para abrir esa conciencia entre los agricultores, se recurrió al único medio de difusión de la época: la prensa. Se comenzaron a publicar artículos y notas de opinión  en los dos periódicos locales de entonces: “El Guadalete” y “El Mensajero”.

 

Destacaré de entre todos, un artículo que se publicó en forma de noticia, bajo el título “AGUA Y ABONOS”, no sólo porque es un ejemplo de lo dicho, sino porque contiene datos de la producción de los campos de la época. Su autor se identificaba con las siglas “T.R.”, y decía así:

 

Conocedores los extranjeros del estado de atraso en que se halla nuestra agricultura, vienen colocando su dinero en España para doblarlo en pocos años y sin riesgo.

 

En efecto, en Londres acaba de formarse una sociedad anónima con un capital de algunos millones de duros, con el objeto de adquirir terrenos en comarcas donde, la proximidad de algún río, permita convertir los secanos en regadíos, para someterlos al cultivo intenso empleando abonos químicos y maquinaria agrícola moderna de gran potencia.

 

            Terrenos de secano en estas condiciones son muy fáciles de adquirir aquí por unas 1.000 pesetas la hectárea. En Inglaterra ó Francia costaría de 5.000 pesetas, en adelante.

 

            Uno de nuestros propietarios que tenga diez hectáreas de terreno de secano dedicadas al cultivo de cereales, sólo siembra cada año la mitad ó menos, dejando a la otra mitad para barbecho.

           

Las cinco hectáreas sólo producen en un año regular doce hectolitros de trigo, como término medio cada una, ó sea, como total anual en las diez hectáreas, 60 hectolitros, que al precio de 25 pesetas importan 1.500 pesetas. Deducidas la renta de la tierra y los gastos generales de cultivo a razón de unas 100 pesetas por hectárea, sólo queda un beneficio de 500 pesetas.

 

            Las mismas diez hectáreas de secano en manos de extranjeros, sembradas en su totalidad y abonadas convenientemente, producirán en un año regular, á razón de 25 hectolitros por hectárea, ó sea 250 hectolitros, que al precio de 25 pesetas importan 6.250 pesetas.

 

Deducidos los gastos de cultivo y renta de la tierra el gasto total será de 3.000 pesetas y el beneficio líquido en las diez hectáreas será de 3.250 pesetas.

           

Si el terreno se convierte en regadío es, desde luego, infinitamente superior el resultado, pues en este caso la cosecha en un año mediano será de 40 hectolitros en adelante por hectárea, que a razón de 25 pesetas importarían 10.000 pesetas, de cuya suma habría que deducir los gastos de cultivo y renta de la tierra (en total, 4.000 pesetas). El beneficio total por tanto en diez hectáreas y en un año, es de 6.000 pesetas”.

 

El artículo concluía con un panegírico del regadío:

           

“Sobre todo, donde el hombre puede disponer del elemento agua a su antojo, son pasmosos los efectos de los abonos químicos. Por eso, donde sea factible, debería el propietario convertir los secanos en regadío, aunque para vencer las dificultades naturales tuviese que imponerse grandes sacrificios pecuniarios, y con tanto mayor motivo donde esta reforma sea fácil. El dinero invertido en tal mejora se recuperará multiplicado”.

 

No debieron de caer en saco roto este y otros artículos semejantes, pues el jueves 4 de enero de 1906, se celebró una reunión en el Ayuntamiento de muchos de los propietarios de fincas de nuestra zona.

 

Leo cómo daba la noticia el periódico “El Guadalete” del día siguiente:

 

Poco después de las cuatro de la tarde y convocados por el alcalde, Sr. González Hontoria, se reunieron los propietarios a quienes podría afectar el pantano del Guadalcacín, representando más de cinco mil hectáreas regables.

 

El Sr. Alcalde dio brevemente cuenta del objeto de la reunión y un telegrama recibido anoche, en el que el Sr. Ministro de Fomento pedía noticias sobre la conformidad de los propietarios a pagar el 50 por 100 de las obras”.

 

Y concluía el periodista:

 

Los propietarios dieron su consentimiento y su autorización para que se extendiera acta.

 

Por lo tanto, estando ya consignadas en los presupuestos 700.000 pesetas para los trabajos de la presa, y teniendo la conformidad expresa de los propietarios de más de la mitad de la zona regable, puede decirse que el pantano es un hecho.

 

El pantano del Guadalcacín será una obra beneficiosísima para nuestra comarca, una fuente de riqueza para los propietarios y un manantial inagotable de bienestar para la honrada y laboriosa clase obrera”.

 

Hacía a continuación el articulista un comentario que demuestra que los jerezanos hemos cambiado poco en el concepto que tenemos de nosotros mismos, pues decía:

 

Podemos, pues, felicitarnos todos de haber dado un paso gigante en el camino de un proyecto colosal por su trascendencia, en que el pueblo de Jerez con rara unanimidad y con una constancia poco común en naturalezas meridionales, ha venido trabajando durante cinco años”.

 

            Con la aceptación de más de la mitad de los propietarios de la futura Comunidad de Regantes del Pantano del Guadalcacín del compromiso de hacer frente al coste del cincuenta por ciento del presupuesto de la obra, se había dado el paso decisivo para que la obra se hiciera realidad.

 

            Enseguida, el Ingeniero González Quijano, a quien se había encargado el proyecto de la futura presa y canalización y llevaba ya más de un año en ello, se dispuso a aviarlo todo para el inicio de su ejecución. 

 

            Y así llegó el día 16 de Febrero de 1906, que se había señalado para la inauguración de las obras por el Ministro de Fomento, Don Rafael Gasset.

 

            Vuelvo a servirme otra vez de la prensa de la época para que conozcamos cómo discurrió ese día. En concreto, el periódico “El Mensajero” lo relataba, literalmente, así:

 

 

“CAMINO DEL PANTANO

 

            Desde las primeras horas de la mañana de ayer, veíanse multitud de coches particulares y de alquiler, que se dirigían hacia la presa, donde habían de ser inauguradas las obras.

           

A las seis y cuarto de la mañana, empezaron a salir de la puerta del ayuntamiento los primeros coches, con representantes de la prensa local y de Provincias, cuyos coches fueron recibidos por nuestra primera autoridad local, llegando a la presa del pantano a las diez y media…

           

EN EL PANTANO

 

            Cuando llegamos al lugar donde había de celebrarse el acto de la inauguración de las obras, veíanse todos aquellos alrededores ocupados por infinidad de hombres y mujeres que esperaban la llegada del señor Ministro.

 

            Dos parejas de la benemérita de infantería y dos de caballería, esperaban la llegada de nuestro ilustre huésped, para hacerle los honores.

 

            También estaba en aquella, de servicio, varias de la guardia rural de caballería e infantería de esta localidad y de la de Arcos.

           

Lo pintoresco del sitio donde había de tener lugar el solemne acto, presentaba una vista poética y encantadora.

           

A las once y cuarenta minutos, llegó el Sr. Gasset en el automóvil de de Don Guillermo Garvey Capdepón, acompañado de éste y del Alcalde, Sr. González Hontoria.

 

            La presencia del Sr. Ministro fue acogida con grandes vítores y aplausos, disparándose algunos cohetes. La fuerza de la Guardia Civil presentó armas.

 

LA BENDICION

 

            Para tan solemne acto se hallaba, el cura arcipreste del Valle, D. Antonio Hidalgo Serrano y coadjutor D. José Mª Pérez Bedelín, con cruz alzada y demás preliminares para la ceremonia.

           

Una vez hechos todos los preparativos, y revestido el canónigo arcipreste, Sr. Molle, que había de dar la bendición, el Sr. Gasset se dirigió al público… pronunciando unas breves palabras.

 

 

LA INAUGURACION - MOMENTO SOLEMNE

 

            Por el ingeniero Sr. González Quijano, le fue entregada al Sr. Gasset mecha para prender fuego a la de los barrenos.

           

Cuando la tuvo en sus manos dijo: En nombre de S.M. el Rey D. Alfonso XIII, inauguro en estos momentos las obras del Guadalcacín ¡Viva el Rey!.

 

            El Sr. Gasset prendió fuego a la mecha rápida que había sido colocada para explosión de los barrenos. En el emplazamiento del muro de la presa próxima a su coronación se practicaron 13 barrenos.

 

            El resultado fue admirable, viéndose las piedras saltar por los aires y rodar hacia el río, cada vez que hacía explosión uno de los barrenos. El ingeniero, Sr. González Quijano, recibió muchas felicitaciones por el resultado de los barrenos.

 

 

REGRESO AL VIVERO

 

            A las 12 y 30 salió el automóvil conduciendo al Ministro al Vivero, en donde tendría lugar el almuerzo…

 

            (El Vivero se refiere a lo que hoy es el Parque González Hontoria y el almuerzo, servido por el Hotel Jerez, se celebró en la caseta  propiedad del Ayuntamiento, que hoy sigue existiendo en la confluencia entre el Paseo Real y el de las Palmeras).

 

ENTRADA EN JEREZ

 

A las seis entró el Ministro en Jerez. La población estaba igualmente engalanada que el día de su llegada.

 

            EN EL AYUNTAMIENTO

 

            Por la noche estaba prevista una cena con el Ministro en el salón de sesiones del Ayuntamiento. La resalto, porque a los postres tomó la palabra el Marqués de Mochales, Diputado por Jerez, que dijo – ignoro si por voluntad propia o influido por lo que se sirvió durante la comida – lo siguiente:

 

            Si el Estado no tiene, en estos momentos, medios de qué disponer para que las obras del pantano empiecen enseguida y en ellas encuentren los obreros medios de subsistencia, yo pongo a su disposición 5.000 pesetas en beneficio de las clases jornaleras, para que a la inauguración de hoy siga el inmediato comienzo de las obras. Estas 5.000 pesetas, las presto al Estado, pero no las recobraré nunca, porque cuando sean satisfechas serán destinadas para los obreros”.

 

            Al Ministro – cuyo Ministerio andaría seguramente, como todos, corto de presupuesto - se le debió de hacer la boca agua porque enseguida manifestó entusiasmado que aceptaba el ofrecimiento. El Marqués quedó pues oficialmente comprometido. Debemos decir que, más tarde, cumplió escrupulosamente con su compromiso.

           

Y así discurrió todo… Aunque no debemos terminar sin hacer mención de las personas que más se esforzaron para que, cien años después, la Comunidad celebre su primer centenario:

 

            Debemos empezar, lógicamente, por el Ministro de Fomento, Don Rafael Gasset, que, desde que tuvo conocimiento de la pretensión de los agricultores de nuestra zona geográfica, se afanó porque prosperara. Fue justificado su nombramiento como Hijo Adoptivo de Jerez.

 

            En segundo lugar, hay que citar al Alcalde de la ciudad Don Julio González Hontoria.

            En tercer lugar, al Duque de Almodóvar del Río, Ministro del Gobierno y jerezano, que, desde 1901, comenzó a hacer gestiones políticas para que se aprobaran las obras del pantano.

 

            Debemos también resaltar la figura de Don Amalio Díaz de Bustamante, Concejal del Ayuntamiento, que se encargó de hacer la Memoria de las repercusiones económicas que la obra tendría para nuestra comarca. Junto a él no podemos omitir el nombre del Abogado Sr. Barrón Ferrara, que le sirvió de asesor.

 

            También tuvieron  gran importancia los esfuerzos del Marqués de Bonanza, Presidente de la Cámara de Comercio, y de Don Fernando García Gil, Presidente de la Cámara Agraria.

 

            Y ya, por fin, debemos resaltar los nombres de los técnicos y profesionales autores del proyecto. Me estoy refiriendo a los Ingenieros Pedro González Quijano, Antonio Gallegos Sánchez y Francisco Castellón Ortega. 

 

            Gracias a todos ellos se están celebrando, como decía, estos actos del primer centenario de la Comunidad. Sus nombres se han pronunciado aquí en voz alta y  despacio para que  los retengamos en la memoria como signo de agradecimiento. Dichos quedan.

 

 

 Jesús Rodriguez.

 

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